martes, 22 de marzo de 2011

Celebrando el Agua

No puedo evitar el asombro cuando escucho a la gente defender las privatizaciones de los productos naturales. Menos aún cuando los veo asentir con respecto a la generación de energías que además de ensuciar más y más la tierra, el aire y el agua que nos rodea, pretenden entregar a capitales extranjeros, a mediano o corto plazo, nuestro bien más preciado: el agua. Aquel bien material que extrañamente aún algunos llaman “elemento vital”, mas yo me pregunto y les pregunto:

¿Se dará cuenta la gente el peso que tiene llamar vital a un elemento?

¿Tomarán conciencia de que vital implica una estrecha relación con la vida?

Y si es así ¿Están dispuestos a vender su vida por tener un rato más de luz para mirar esa televisión que les reafirma, en su imbecilidad, que están en lo correcto?

Es cierto que hay muchas campañas y muchos activistas que están en contra de las energías contaminantes que a la vista del pueblo común y corriente no son más que un grupo de hippies a los que les gusta alegar por todo complicándole la existencia al resto que prefiere quedarse en silencio y seguir viviendo una vida “tranquila”. Es cierto también que las energías limpias que estas campañas y activistas promueven tienen costos mucho más elevados que las anteriores, pero... Se ha preguntado la gente que utiliza este argumento si esto realmente se está haciendo para beneficio de ellos o para beneficio de grandes empresas que producen grandes cantidades de productos y pagan una tarifa mucho menor por la energía que usted, señora, señor, que está en su casa mirando las noticias que la TV quiere mostrarle para que “tome conciencia” de que el país necesita energía porque si no la obtenemos pronto se pueden apagar las luces de los estadios a causa de una bella dama que quiera secarse el pelo. Cuestióneselo querido lector: ¿Le beneficiará realmente a usted la creación de una termoeléctrica, de una hidroeléctrica o de una planta nuclear? O será simplemente como la privatización del agua potable, que partió como una gran obra social que iría en pos del desarrollo de toda la comunidad, y que hoy tiene costos desmesurados para la población que quiéralo o no tendrá que consumir el agua de todos modos. ¿Negocio redondo no? Ahora, si usted lector, como es muy probable, pertenece a la inmensa mayoría de clase media de este bendito país y de este bendito mundo, cuestiónese también cómo lo hará cuando ya no le alcance para costear los bienes básicos que necesita para subsistir, cuando no quede cupo en las tarjetas de crédito, cuando tenga que bajar su status social porque realmente el agua para beber y para consumir los alimentos sea más importante que saber si el novio de tal o cual modelo es o no un futbolista famoso. Cuestióneselo, y luego tiene todo el derecho de sentirse abandonado, puesto que a la clase alta, la realmente alta, no le cuesta bajar los sueldos para pagar el aumento en los costos de los bienes básicos; mientras que a la clase baja, la realmente baja, no le cuesta nada seguir aceptando subsidios de los distintos gobiernos para solventar una vida “digna”, pero sin educación, para que no se les vaya a ocurrir protestar. Siempre es más barato pagar por el silencio del pueblo que por su educación.

A modo de conclusión, y a sabiendas de que el tema implica muchas más aristas de las aquí tratadas, le invito señoras y señores lectores a mirar más allá de lo que leen, de lo que ven, de lo que escuchan. El interés de potencias internacionales (no países, sino millonarios sin rostro) por comprar el agua no es por nada, no es un interés inocente por enriquecerse con papel moneda; no importa si lo compran en forma de empresa de agua potable, hidroeléctrica o simplemente en forma de terreno para construir reservas naturales, algo hay detrás que usted no está viendo. Piense cómo lo pasó sin agua durante los días posteriores al 27/F, o cómo lo haría en un día que le cortan el agua sin previo aviso y no tiene dinero para comprar agua embotellada.

Algo hay detrás, y lo mejor es que no pierda de vista su agüita pura y cristalina. Celebremos el agua hoy, para no tener que conmemorarla mañana.